morena y La Política del Distrito V en Jalisco.
Cristian Granados.
Puerto Vallarta: La Grilla Avanza, la Consciencia se Queda Atrás.
En Puerto Vallarta ya se siente. No hace falta calendario electoral para saberlo. El ambiente huele a grilla, a guerra sucia, a ese viejo vicio de la política mexicana que cambia de colores pero no de mañas.
Y mientras los de arriba se mueven, el pueblo —como siempre— observa como pretenden engañarlo.
Porque hay que decirlo sin rodeos: la llamada Revolución de las Consciencias, esa que prometía despertar al pueblo, en Vallarta no ha logrado ni siquiera desperezarse.
Dentro de Morena, particularmente en el Distrito V, el trabajo político ha sido, por decirlo suavemente, estéril. Y es que a nivel nacional, el INFP de morena bajo la conducción de Rafael Barajas, El Fisgón, lejos de abrirse espacios para nuevos liderazgos populares, lo que se ha visto es una repetición del viejo esquema: los mismos de siempre, con nuevas camisetas.
Los llamados “chapulines” —esos que brincan de partido en partido según convenga— hoy encuentran cobijo. Y los “dinosaurios”, esos que nunca se fueron del todo, vuelven a caminar con paso firme.
¿Y el pueblo?
Mirando desde afuera.
El Instituto Nacional de Formación Política de morena prometía ser semillero de cuadros, escuela de pensamiento, fábrica de conciencia. Pero en la práctica, no ha pasado de ser un espacio de crítica sin aterrizaje. Mucho discurso. Poca organización. Cero proyecto municipal.
Nueve años después, la pregunta sigue en el aire: ¿dónde está el proyecto alternativo para gobernar los municipios? Porque sin proyecto, lo demás es improvisación.
El dinero manda, la encuesta decide.
En Vallarta ya comenzó la carrera. No la del pueblo, sino la de los suspirantes. Ahí está Juan Carlos Castro Almaguer, desplegando espectaculares, moviendo camiones, pegando calcomanías. No es trabajo de base: es inversión política.
Porque el Ra y él lo tienen claro: si la candidatura se define por encuesta, entonces hay que volverse conocido… cueste lo que cueste.
Y cuando el dinero define quién es visible, la democracia se vuelve negocio.
Otros actores simplemente juegan a otro ritmo.
Bruno Blancas Mercado, por ejemplo, parece más interesado en negociar su futuro en las alturas que en construirlo desde abajo. Mientras tanto, los intentos de control territorial, como los comités seccionales, avanzan sin rumbo claro.
Mucho movimiento…
Pocos resultados.
Sin teoría, sin conciencia, sin rumbo
Pero el problema es más profundo.
No se trata solo de nombres. Se trata de formación.
Hoy, en Vallarta, cuesta encontrar perfiles que entiendan realmente qué significa la Cuarta Transformación. No hay lectura, no hay reflexión, no hay base teórica. No se conoce a pensadores como Karl Marx, Enrique Dussel, Antonio Gramsci o Paulo Freire.
Y sin pensamiento, la política se vuelve solo ambición.
Una enfermedad que no es exclusiva
Sería cómodo pensar que esto es un problema de un solo partido. Pero no.
La realidad es más cruda: la misma clase política privilegiada se mueve en todos lados. Está en Morena, sí, pero también en el PT, en el Verde, en MC, en el PAN y en el PRI.
Cambian los colores.
No cambian los intereses.
Poder, dinero, control.
La última palabra aún no está dicha
Pero la historia no está escrita.
Falta un año. Y en política, un año es una eternidad.
Siempre existe la posibilidad de que surja alguien distinto. No un candidato fabricado, no un perfil inflado con dinero, sino un verdadero líder del pueblo: que camine con la gente, que escuche, que entienda y que no le tenga miedo a transformar de raíz.
Porque si algo ha demostrado el pueblo de México, es que cuando despierta… no pide permiso.
Y en Puerto Vallarta, aunque hoy la grilla haga ruido, la esperanza todavía no se apaga.
Cristian Granados.
