Jalisco en problemas por despunte en desapariciones

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Jalisco en Problemas por Despunte en Desapariciones.
Cristian Granados.

Crisis Humanitaria, Rezagos Institucionales y una Realidad que Rebasa al Estado.

Por años, Jalisco ha cargado con una herida abierta que no deja de crecer. Sin embargo, los datos más recientes publicados en el informe “Desaparecidos en Jalisco en Abril de 2026” revelan que la crisis no solamente continúa: se profundiza de manera alarmante.

El documento, basado en información del Registro Estatal de Personas Desaparecidas de Jalisco con corte al 30 de abril de 2026, presenta un panorama que coloca nuevamente al estado como la entidad con mayor número de personas desaparecidas sin localizar en todo México.

Detrás de cada cifra existen familias destruidas, madres buscadoras recorriendo caminos de terracería, colectivos enfrentando amenazas y comunidades enteras aprendiendo a vivir con el miedo permanente de no volver a ver a uno de los suyos.

Más de 16 Mil Personas Siguen Sin Ser Localizadas

El dato más contundente del informe es demoledor: al cierre de abril de 2026, Jalisco acumuló 16 mil 143 personas desaparecidas sin localizar.

No se trata únicamente de una cifra estadística. Es una dimensión humana que refleja el tamaño de una crisis de seguridad, procuración de justicia y descomposición social que las autoridades no han logrado contener.

El informe señala además que desde 2019 el número de personas desaparecidas sin localizar ha aumentado un 103 por ciento. En mujeres el incremento alcanza 137 por ciento y en hombres 100 por ciento.

La situación resulta todavía más grave cuando se observa el comportamiento de las desapariciones entre menores de edad. Actualmente existen mil 769 personas menores de 20 años desaparecidas en Jalisco y el incremento desde 2019 alcanza el 139 por ciento.

La juventud jalisciense aparece así como uno de los sectores más vulnerables dentro de esta tragedia.

Una Crisis que se Normaliza

Uno de los elementos más preocupantes del informe es cómo las desapariciones comienzan a normalizarse dentro de la vida pública.

Durante abril de 2026 se añadieron 240 nuevos registros al sistema estatal. El 78.7 por ciento corresponde a hombres y el 21.3 por ciento a mujeres.

Aunque el documento indica que abril presentó una de las cifras más bajas de registros recientes, la reducción no significa que haya menos desapariciones. En realidad, el problema se encuentra en otro punto: cada vez se localiza a menos personas.

En abril de 2019 se localizaron 309 personas. En abril de 2026 apenas 105.

Es decir, el aparato institucional encargado de búsqueda y localización parece perder eficacia conforme aumenta la magnitud del problema.

El Tiempo se Convierte en Enemigo

Otro de los indicadores más delicados es el aumento del tiempo entre la desaparición y el reporte oficial.

En abril de 2026 el tiempo promedio transcurrido entre la desaparición de una persona y su denuncia fue de 6.8 meses.

En otras palabras, cientos de familias pasan meses enteros intentando resolver solas la desaparición de sus seres queridos antes de acudir formalmente a las autoridades o lograr que las instituciones reaccionen.

El informe revela además una diferencia brutal entre los municipios metropolitanos y el resto del estado. Fuera del Área Metropolitana de Guadalajara los retrasos en reportes llegan a ser hasta 14 veces mayores.

Este fenómeno podría estar relacionado con miedo, desconfianza institucional, falta de acceso a ministerios públicos o incluso control territorial por parte del crimen organizado.

La consecuencia es devastadora: mientras más tiempo tarda el reporte, menores son las probabilidades de localizar con vida a una persona desaparecida.

Según el análisis, quienes son reportados el mismo mes de su desaparición tienen una probabilidad del 54 por ciento de ser localizados. Si el reporte ocurre cuatro meses después, la probabilidad cae hasta el 28 por ciento.

Fosas Clandestinas: El Rostro Más Oscuro de la Crisis

Hablar de desapariciones en Jalisco implica inevitablemente hablar de fosas clandestinas.

Tan solo en abril de 2026 fueron localizadas siete fosas clandestinas: tres en Tlajomulco de Zúñiga, tres en Ixtlahuacán de los Membrillos y una en El Salto.

Pero el problema es mucho más profundo.

El informe documenta que el 91 por ciento de las fosas clandestinas descubiertas en Jalisco se concentran en municipios del Área Metropolitana de Guadalajara. Tlajomulco encabeza la lista con 96 fosas localizadas.

La expansión urbana desordenada, las zonas periféricas abandonadas y la presencia de grupos criminales han convertido amplias regiones metropolitanas en auténticos cementerios clandestinos.

Miles de Cuerpos Sin Identificar

La tragedia no termina con las desapariciones.

Durante abril ingresaron 107 cuerpos sin identificar al Servicio Médico Forense de Jalisco.

El promedio diario durante 2026 es de 3.6 cuerpos sin identificar. Apenas la mitad logra ser reconocida.

Desde septiembre de 2018 se han acumulado 5 mil 153 cuerpos de personas fallecidas sin identificar.

La cifra refleja no solamente violencia extrema, sino también un colapso forense que continúa siendo una deuda histórica del Estado mexicano.

Carpetas de Investigación: El Vacío Institucional

Quizá uno de los datos más escandalosos del informe es que únicamente en el 32 por ciento de los casos reportados durante 2026 se abrió una carpeta de investigación.

Esto contradice directamente el artículo 80 de la Ley General en Materia de Desaparición, que obliga a abrir investigaciones inmediatas en todos los casos.

La omisión institucional no es un asunto menor. Significa pérdida de tiempo crucial, retraso en búsquedas, debilitamiento de pruebas y, muchas veces, abandono absoluto para las familias.

Mientras tanto, colectivos ciudadanos y madres buscadoras continúan realizando labores que constitucionalmente corresponden al Estado.

Una Herida Abierta para Jalisco

La crisis de desapariciones en Jalisco ya no puede entenderse únicamente como un problema de seguridad pública. Se trata de una emergencia humanitaria que exhibe fallas estructurales en justicia, derechos humanos, instituciones forenses y políticas de prevención.

Los datos muestran un fenómeno sostenido, creciente y profundamente arraigado en distintas regiones del estado.

Pero también revelan algo más inquietante: el riesgo de acostumbrarse al horror. Porque detrás de cada número existe una silla vacía en la mesa, una madre que ya no duerme, un padre envejecido por la angustia y una familia condenada a vivir entre la esperanza y el miedo.

Jalisco se ha convertido en una tierra donde miles de personas parecen haberse evaporado en medio del silencio institucional, la violencia criminal y la incapacidad del Estado para garantizar algo tan básico como el derecho a regresar a casa.

Las cifras ya son monstruosas. Más de 16 mil personas siguen desaparecidas. Miles de cuerpos permanecen sin identificar. Las fosas clandestinas continúan apareciendo bajo la tierra jalisciense como heridas abiertas que nadie ha podido cerrar.

Y mientras las estadísticas crecen mes con mes, también crece la desesperación de las familias que recorren cerros, brechas, lotes baldíos y caminos abandonados buscando con sus propias manos lo que las autoridades no han podido encontrar.

La tragedia de las desapariciones en Jalisco ya no puede maquillarse con discursos políticos ni esconderse detrás de tecnicismos burocráticos. La crisis ha alcanzado dimensiones históricas.

Porque un Estado donde desaparecen personas todos los días y donde miles jamás regresan, es un Estado profundamente fracturado.

Y quizás lo más doloroso de todo sea que en Jalisco ya hay toda una generación aprendiendo a vivir con miedo.

Miedo de salir.

Miedo de no volver.

Miedo de convertirse en la próxima fotografía pegada en un poste, en una ficha de búsqueda compartida en redes sociales o en otro expediente archivado entre miles de nombres pendientes de justicia.

Hoy, las madres buscadoras siguen caminando.

Siguen excavando.

Siguen llorando.

Pero también siguen resistiendo.

Porque mientras exista una sola persona desaparecida sin encontrar, la herida de Jalisco permanecerá abierta.

Cristian Granados.

Redacción de El Revolucionario
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