El pueblo ya no cree en el circo político

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El Pueblo Ya No Cree En El Circo Político.
Cristian Granados.

Los Tiempos Han Cambiado.

Algo profundo está ocurriendo en la vida política de México y particularmente en Puerto Vallarta. Los tiempos han cambiado de manera acelerada y muchos actores del viejo régimen todavía no logran comprenderlo. Continúan atrapados en prácticas que pertenecen a otra época, a un mundo donde la televisión dictaba la verdad absoluta, donde las campañas políticas se reducían a sonrisas falsas, promesas vacías y toneladas de dinero repartido para fabricar simpatías momentáneas.

Pero el mundo ya no funciona así.

La revolución digital transformó la vida cotidiana. Hoy la gente consume información desde su teléfono celular, compra productos sin salir de casa y toma decisiones observando múltiples voces al mismo tiempo. La sociedad aprendió a desconfiar, a comparar, a investigar y, sobre todo, a detectar la mentira con mucha mayor rapidez que antes. La política también sufrió esa transformación, aunque muchos conservadores siguen negándose a aceptarlo.

Durante décadas, la clase política creyó que podía manipular eternamente al Pueblo mediante campañas espectaculares, eventos multitudinarios artificiales y costosas estrategias publicitarias. Creyeron que llenar las calles de espectaculares era suficiente para fabricar liderazgo. Creyeron que pagar encuestas compradas podía sustituir el cariño popular. Creyeron que las fotografías con empresarios, gobernadores o figuras del poder bastaban para legitimarse frente a la ciudadanía.

Hoy esa fórmula comienza a derrumbarse.

La gente ya no abre la puerta fácilmente a quien llega con discursos aprendidos y promesas recicladas. Existe un cansancio social acumulado frente al engaño, frente a los fraudes políticos y frente a las campañas construidas únicamente desde el dinero. El viejo modelo de recorrer casa por casa como si el Pueblo fuera incapaz de pensar por sí mismo ha perdido eficacia en una sociedad que ahora debate, cuestiona y confronta desde las redes sociales.

Y es precisamente ahí donde muchos políticos tradicionales quedan exhibidos.

Siguen viviendo en el pasado. Continúan apostando por prácticas que ya no generan esperanza sino burla. Se disfrazan de “cercanos al Pueblo” mientras presumen privilegios. Se ponen sombreros para aparentar humildad. Se rodean de influencers para fabricar popularidad artificial. Hablan de transformación mientras negocian con los mismos grupos de siempre. Pretenden vender una imagen de sencillez mientras exhiben riqueza y opulencia.

En Puerto Vallarta ya comenzó el desfile de aspirantes rumbo al 2027. Los partidos políticos preparan a sus “mejores gallos”, aunque la verdadera pelea no parece ser de ideas ni de proyectos. Para muchos sectores de la derecha recalcitrante, la política continúa siendo una competencia de billetes. Acarrean personas a eventos vacíos, inflan estructuras, pagan propaganda disfrazada y compran presencia mediática creyendo que el Pueblo sigue siendo ingenuo.

Pero el Pueblo cambió.

Hoy existe una conciencia mucho más amplia sobre la dignidad colectiva. Cada vez más personas entienden que la felicidad no nace de la acumulación obscena de riqueza ni de los privilegios de una pequeña élite política. La gente comienza a defender algo mucho más profundo: el derecho a vivir con justicia, con bienestar compartido, con libertad, con acceso a la salud, con respeto a la naturaleza y con una economía que beneficie a las mayorías y no únicamente a unos cuantos.

Ese despertar social incomoda profundamente a quienes durante años controlaron la política como si fuera una herencia familiar.

Por eso vemos a tantos personajes desesperados intentando aparentar cercanía con el gobierno federal, buscando fotografías con figuras importantes o presumiendo relaciones con el gobernador en turno. Muchos creen que la antigüedad dentro de un partido les otorga automáticamente el derecho a ser candidatos. Otros consideran que el dinero todavía puede comprar voluntades y fabricar liderazgos.

No entienden que el problema ya no es únicamente político. Es moral.

La sociedad está cansada de los oportunistas, de los chapulines, de los caciques disfrazados de demócratas y de los personajes que sólo aparecen en tiempos electorales para fingir amor por el Pueblo. La ciudadanía observa, analiza y se ríe cada vez más de esa clase política privilegiada que vive desconectada de la realidad cotidiana de la mayoría.

Puerto Vallarta no es el mismo de hace diez años. La gente ya no se impresiona tan fácilmente con caravanas, espectáculos de músculo político ni campañas millonarias. El ciudadano común observa con ironía cómo ciertos grupos políticos siguen creyendo que el poder se obtiene mediante la simulación.

Y quizás ahí está el mayor error de la vieja política: no entender que el Pueblo dejó de admirar a los poderosos y comenzó a exigir autenticidad.

La Nueva Cuarta Transformación no puede construirse desde los privilegios ni desde las élites disfrazadas de pueblo. Tendrá que surgir desde principios reales, desde la honestidad política y desde una visión colectiva donde la justicia social deje de ser únicamente un discurso de campaña.

Mientras algunos se preparan para gastar millones intentando comprar popularidad rumbo al 2027, el Pueblo parece prepararse para algo muy distinto: poner en ridículo a quienes todavía creen que la política puede seguir siendo un espectáculo vacío controlado por el dinero.

Porque los tiempos cambiaron.

Y quien no lo entienda, quedará enterrado en el pasado.

Cristian Granados.

Redacción de El Revolucionario
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