El Reconocimiento Internacional al Gobierno de Claudia Sheinbaum
Cristian Granados
México vive uno de los debates más complejos y sensibles de su historia contemporánea: la seguridad pública. Durante años, la violencia, el crimen organizado, la desconfianza institucional y la percepción de inseguridad marcaron profundamente la vida cotidiana de millones de mexicanos. Sin embargo, en medio de un escenario históricamente difícil, un nuevo dato comienza a modificar la conversación nacional e internacional: el país ha registrado la mejora más significativa en materia de paz en al menos una década.
La noticia no pasó desapercibida. El Instituto para la Economía y la Paz (IEP), organismo internacional especializado en medición de condiciones de paz y seguridad, reveló en su Índice de Paz México 2026 que durante 2025 la paz en México mejoró un 5.1 por ciento. No se trata de una cifra menor. Según el propio organismo, representa el mayor avance registrado en toda la historia de este indicador en el país y consolida además el sexto año consecutivo de mejoría, después del severo deterioro que México experimentó entre 2015 y 2018.
El reconocimiento internacional llega en un momento políticamente significativo para el gobierno de la Presidenta Claudia Sheinbaum Pardo, quien ha colocado el discurso de construcción de paz como uno de los ejes centrales de su administración. Desde la conferencia conocida como “Las mañaneras del pueblo”, la mandataria interpretó estos resultados no solamente como una validación técnica de la estrategia de seguridad, sino también como una defensa política de la soberanía nacional frente a sectores críticos internos y externos.
La Presidenta sostuvo que la defensa de la soberanía significa también defender al pueblo mexicano y sus conquistas sociales. En su mensaje, insistió en que México debe confiar en sí mismo y evitar caer en narrativas externas que, según afirmó, buscan desacreditar los avances nacionales o abrir paso a intereses políticos del pasado.
El discurso presidencial mezcla así dos dimensiones profundamente conectadas: seguridad y soberanía.
Para el actual gobierno, la construcción de paz no se limita únicamente al combate policiaco o militar contra el crimen. La visión oficial sostiene que la seguridad también depende de reducir desigualdades, fortalecer programas sociales, ampliar infraestructura pública y generar oportunidades económicas para millones de personas históricamente excluidas.
En ese contexto, el gobierno federal interpreta la mejoría del Índice de Paz como resultado de una transformación más amplia iniciada durante la administración del expresidente Andrés Manuel López Obrador y continuada por la actual administración federal.
La narrativa gubernamental contrasta directamente con la estrategia de seguridad aplicada durante sexenios anteriores, particularmente aquella enfocada en la llamada “guerra contra el narcotráfico”. Desde la perspectiva de la llamada Cuarta Transformación, el modelo de confrontación frontal generó una espiral de violencia que dejó profundas heridas sociales en el país.
Por ello, el reconocimiento del Instituto para la Economía y la Paz adquiere una relevancia política especial.
Porque aunque en México continúan existiendo enormes desafíos en materia de seguridad, desapariciones, crimen organizado y violencia regional, el informe internacional introduce un elemento difícil de ignorar: las condiciones generales de paz muestran una mejoría medible.
Y eso tiene implicaciones económicas, sociales y diplomáticas.
En el ámbito económico, la percepción internacional de seguridad influye directamente en factores como inversión extranjera, turismo, generación de empleo y estabilidad financiera. Un país que mejora sus indicadores de paz incrementa sus posibilidades de atraer capitales, fortalecer mercados internos y ampliar proyectos de infraestructura.
No resulta casual que la Presidenta Claudia Sheinbaum vinculara este reconocimiento con la construcción de trenes, hospitales y obras públicas. Para el actual gobierno, la seguridad no puede separarse del desarrollo nacional. La idea central es que un país con mayor bienestar social genera condiciones más favorables para disminuir la violencia estructural.
Además, el reconocimiento internacional fortalece la posición diplomática de México frente a sectores extranjeros que constantemente cuestionan la capacidad del país para enfrentar sus problemas internos. En sus declaraciones, la Presidenta hizo referencia a las “visiones injerencistas”, un término que históricamente ha sido utilizado para denunciar intentos externos de influir en las decisiones soberanas de México.
El mensaje político es claro: México quiere construir su propio modelo de seguridad y paz sin subordinación a intereses extranjeros.
Sin embargo, el verdadero reto apenas comienza.
Porque más allá de los discursos y los indicadores internacionales, la ciudadanía exige que la mejoría estadística se traduzca en tranquilidad cotidiana. La paz no puede medirse únicamente en porcentajes; también debe sentirse en las calles, en las colonias, en los hogares y en la vida diaria de las familias mexicanas.
Ese será probablemente el gran examen histórico para el gobierno de Claudia Sheinbaum.
Lograr que los avances reconocidos por organismos internacionales se conviertan en una experiencia concreta para millones de mexicanos que todavía enfrentan miedo, violencia o incertidumbre en diversas regiones del país.
Aun así, el dato resulta políticamente poderoso: por primera vez en muchos años, México aparece ante el mundo no solamente asociado a violencia y conflicto, sino también a un proceso sostenido de construcción de paz.
Y en tiempos donde las narrativas internacionales suelen definir la imagen global de las naciones, ese reconocimiento tiene un peso enorme.
La discusión continuará. Habrá críticas, cuestionamientos y debates legítimos sobre los alcances reales de la estrategia de seguridad. Pero el Índice de Paz México 2026 ya abrió un nuevo capítulo en la conversación nacional: el de un país que busca convencer al mundo —y también a sí mismo— de que la paz sí puede construirse desde la soberanía, la justicia social y la confianza en su propio pueblo.
Cristian Granados.
