Olinia: cuando México diseña su propio camino hacia la electromovilidad

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Ciencia, industria y talento mexicano para construir una nueva movilidad desde el pueblo y para el pueblo.

Durante la conferencia de prensa La Mañanera del Pueblo, la Presidenta de México, Claudia Sheinbaum Pardo, encabezó la presentación de Olinia Carga, un minivehículo eléctrico diseñado en México que representa mucho más que una nueva alternativa de transporte: es una apuesta por convertir el conocimiento, la creatividad y la ingeniería mexicana en capacidad productiva, empleo y soberanía tecnológica.

Olinia forma parte de una familia de minivehículos eléctricos integrada por Olinia 1, destinado al transporte de pasajeros, Olinia Carga, diseñado para el traslado de mercancías, y Olinia Van, concebido para transportar productos en un espacio cerrado y protegido.

La propuesta parte de una idea que durante décadas pareció relegada frente a la dependencia tecnológica: México también puede diseñar, desarrollar y producir tecnología propia.

“Creer en México, creer en las y los mexicanos”, expresó la Presidenta, sintetizando uno de los principios centrales de esta política: que el desarrollo nacional no tiene por qué depender exclusivamente de importar tecnología terminada, sino que puede comenzar en las universidades, en los centros de investigación y en el talento de las nuevas generaciones.

Una tecnología pensada para la realidad mexicana

Olinia Carga fue concebido para responder a necesidades concretas del mercado mexicano. El vehículo tendrá capacidad para transportar hasta 650 kilogramos de mercancía, con una autonomía superior a 120 kilómetros.

Su diseño contempla una cajuela baja para facilitar el almacenamiento y traslado de materiales, además de capacidad para transportar a dos personas de manera cómoda y segura. Una de sus características más importantes es que puede conectarse a un enchufe eléctrico tradicional, evitando la necesidad de infraestructura especializada para su carga.

Pero quizá uno de los datos más significativos sea el relacionado con sus costos de operación: de acuerdo con la presentación realizada por el director de Olinia, su operación podría representar aproximadamente una cuarta parte del costo de un vehículo ligero de carga y alrededor de una tercera parte de lo que cuesta operar un motocarro.

Esto coloca al proyecto en un terreno particularmente importante: el de los pequeños comerciantes, productores, repartidores y microempresarios que necesitan una herramienta de trabajo eficiente sin enfrentar los elevados costos de operación de los vehículos convencionales.

La electromovilidad, en este sentido, no se presenta únicamente como una cuestión ambiental. También puede convertirse en una cuestión de economía popular.

De las universidades a la industria

Uno de los aspectos más relevantes del proyecto es que Olinia no surge únicamente de una iniciativa empresarial tradicional.

La ingeniería detrás de estos vehículos involucra el conocimiento generado por instituciones públicas de educación superior, entre ellas el Tecnológico Nacional de México, el Instituto Politécnico Nacional y la Universidad Nacional Autónoma de México, además de universidades autónomas de distintos estados de la República.

Aquí aparece una de las apuestas estratégicas del proyecto: construir un puente entre educación pública, investigación científica, innovación tecnológica y producción industrial.

Durante años, México ha formado ingenieras, ingenieros, científicas, científicos y profesionales altamente capacitados que, con frecuencia, encuentran mayores oportunidades fuera del país o terminan trabajando en cadenas productivas cuyo mayor valor agregado se genera en el extranjero.

Olinia pretende invertir esa lógica.

El objetivo no es solamente formar profesionistas capaces de desarrollar tecnología, sino crear las condiciones para que esa tecnología pueda convertirse en productos, empresas, empleos y bienestar dentro de México.

La secretaria de Ciencia, Humanidades, Tecnología e Innovación, Rosaura Ruiz Gutiérrez, señaló precisamente que uno de los grandes objetivos de la política científica impulsada por el Gobierno de México consiste en transformar el conocimiento y la innovación en bienestar, soberanía y desarrollo nacional.

Y ahí se encuentra uno de los puntos fundamentales de este proyecto.

La soberanía también se construye con conocimiento

Hablar de soberanía en el siglo XXI no significa únicamente hablar de territorio, energía o recursos naturales.

También significa hablar de quién controla el conocimiento, quién desarrolla la tecnología y quién posee la capacidad de producir aquello que una nación necesita.

Un país que únicamente consume tecnología extranjera puede tener crecimiento económico, pero difícilmente alcanza una soberanía tecnológica plena.

Por eso Olinia representa una discusión mucho más profunda que la fabricación de un minivehículo eléctrico.

La pregunta de fondo es: ¿puede México dejar de ser solamente un país maquilador para convertirse también en un país que diseña, innova y produce tecnología propia?

La respuesta que plantea este proyecto es afirmativa.

Nafin: financiar las ideas mexicanas

Otro componente fundamental es el papel que tendrá Nacional Financiera (Nafin).

La Presidenta planteó que la institución no solamente debe contribuir mediante créditos para micro y pequeños empresarios, sino también explorar esquemas que permitan financiar la creatividad y los proyectos tecnológicos de las y los ingenieros mexicanos y de profesionales de distintas disciplinas.

Esta propuesta tiene una implicación profunda.

En México no necesariamente faltan ideas. Muchas veces lo que falta es el mecanismo financiero que permita que una buena idea pase del papel al prototipo y del prototipo a la producción.

Por ello, vincular financiamiento público con conocimiento científico puede convertirse en una herramienta para democratizar la innovación.

No se trata de que la ciencia permanezca encerrada en laboratorios o universidades. Se trata de que pueda convertirse en riqueza social, empleo y soluciones para la vida cotidiana.

Una industria con capital mayoritariamente mexicano

La secretaria Rosaura Ruiz informó que a finales de septiembre se publicará la convocatoria para la producción industrial de Olinia, en coordinación con Nafin.

La convocatoria buscará que empresas públicas y privadas puedan participar en igualdad de condiciones y bajo criterios de transparencia, con la intención de construir una empresa sólida, con mayoría de capital mexicano y capacidad para producir los vehículos dentro del país.

El calendario anunciado establece que las bases se publicarán a finales de septiembre; el registro se realizará en octubre; la recepción de ofertas formales en noviembre y el cierre de la ronda en diciembre de 2026.

La meta es que Olinia Carga llegue al mercado hacia finales de 2027, con un precio estimado cercano a 150 mil pesos.

El proyecto contempla además una primera producción de 10 mil unidades, de las cuales, según se informó, ya existirían compromisos por alrededor de 8 mil vehículos.

La visión es escalar posteriormente hasta alcanzar una producción de 50 mil unidades anuales.

Olinia Van: tecnología para quienes trabajan

La familia Olinia también contempla una versión Van.

Su propuesta es sencilla pero significativa: conservar la estructura del Olinia 1 para pasajeros, incorporando una cabina posterior cerrada que permita transportar mercancías con mayor protección.

Es una solución pensada para una economía donde miles de pequeños negocios necesitan trasladar productos diariamente: alimentos, herramientas, mercancías, materiales y todo aquello que forma parte de la actividad económica cotidiana.

Así, la electromovilidad deja de ser presentada como un producto exclusivo para quienes pueden adquirir automóviles eléctricos de alto costo y comienza a plantearse como una herramienta potencial para la economía productiva de pequeña escala.

Del diseño al empleo

El director general de Nafin y Bancomext, Carlos Torres Rosas, resumió otro de los grandes objetivos de Olinia: pasar del diseño y la innovación a la generación de empleos y a la construcción de una mayor capacidad científica para México.

Y esa transición es fundamental.

Porque una nación no se transforma únicamente cuando inventa algo.

Se transforma cuando consigue producirlo, comercializarlo, generar empleos alrededor de él y construir una cadena nacional de conocimiento y producción.

Olinia plantea precisamente esa posibilidad: que detrás de cada vehículo exista una red de ingenieras e ingenieros, técnicos, diseñadores, investigadores, trabajadores industriales, proveedores, universidades, empresas y mecanismos financieros.

Es decir, una cadena productiva que pueda multiplicar el valor de la innovación mexicana.

México puede hacerlo

La discusión sobre el desarrollo nacional suele reducirse a cifras económicas, inversiones o infraestructura. Sin embargo, existe otra dimensión igualmente importante: la confianza de una sociedad en sus propias capacidades.

Olinia coloca esa confianza en el centro.

No se trata solamente de decir que México puede fabricar un vehículo eléctrico. Se trata de demostrar que sus universidades pueden participar en el desarrollo tecnológico; que sus jóvenes pueden crear soluciones; que sus instituciones financieras pueden respaldar proyectos nacionales; que sus empresas pueden aportar capacidad industrial y que el Estado puede coordinar estos esfuerzos para convertir conocimiento en desarrollo.

La electromovilidad puede ser, entonces, una oportunidad para que México dé un paso más allá de la simple transición energética.

Puede convertirse en una transición tecnológica e industrial.

Y quizá ahí radique la verdadera importancia de Olinia.

Porque cuando una nación diseña sus propias soluciones para sus propias necesidades, no solamente está fabricando productos.

Está construyendo soberanía.

Está creando conocimiento.

Está formando profesionistas.

Está generando empleos.

Y, sobre todo, está diciéndole a las nuevas generaciones que el futuro no necesariamente tiene que ser comprado en el extranjero.

También puede ser diseñado, construido y producido en México.

Ese es el desafío de Olinia: demostrar que el talento mexicano puede dejar de ser únicamente una fuerza de trabajo para convertirse, cada vez más, en una fuerza creadora de tecnología, industria y bienestar para el pueblo de México.

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