Ahimsa: Un Arma Menos Significa Una Vida Más.

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México apuesta por la cultura de la paz con el programa “Sí al Desarme, Sí a la Paz”

Hay momentos en la historia de los pueblos en los que una decisión aparentemente sencilla puede representar un profundo acto de transformación. Entregar un arma no es únicamente deshacerse de un objeto de metal; es romper un ciclo de miedo, violencia y muerte para abrir la puerta a la esperanza.

En el marco del Día Internacional de la Destrucción de Armas de Fuego, la presidenta de México, Claudia Sheinbaum Pardo, hizo un llamado que trasciende la política y toca el corazón mismo de la sociedad: construir la paz desde nuestras familias.

Desde el atrio de la Basílica de Guadalupe, la mandataria convocó a madres, padres, abuelas, abuelos, hermanas y hermanos a recuperar aquello que ninguna estrategia de seguridad puede sustituir: el tiempo compartido, el diálogo, el cariño y la presencia.

“La construcción de la paz comienza en las familias. Si en su hogar hay un arma, entréguenla; no esperen a que una tragedia les recuerde que nunca debió haber estado ahí”, expresó.

Sus palabras recuerdan uno de los principios más antiguos y profundos de la filosofía del Yoga: Ahimsa, la No Violencia.

Ahimsa no significa únicamente no agredir físicamente a otra persona. Significa elegir conscientemente el respeto por toda forma de vida. Es comprender que ninguna diferencia política, económica o personal justifica el sufrimiento humano. Es abandonar el odio antes de que se convierta en violencia.

Durante siglos, este principio ha guiado a millones de personas alrededor del mundo. Pero fue Mahatma Gandhi quien lo convirtió en una poderosa herramienta de transformación social, demostrando que una nación podía conquistar su libertad sin responder al odio con más odio.

Gandhi afirmaba que la verdadera fuerza no nace de las armas, sino de la capacidad de dominar la violencia que habita dentro de nosotros mismos. Su lucha inspiró posteriormente a movimientos pacifistas y defensores de los derechos humanos en todo el planeta.

México parece retomar hoy parte de esa enseñanza.

La presidenta Sheinbaum informó que el programa “Sí al Desarme, Sí a la Paz” ha permitido retirar de circulación 11 mil 679 armas de fuego, entre ellas armas cortas, armas largas y granadas. Si a esta cifra se suman las cerca de 28 mil armas decomisadas por el Gabinete de Seguridad durante operativos contra la delincuencia, el resultado es contundente: casi 40 mil armas menos circulando en las calles del país.

Cada arma destruida representa la posibilidad de evitar un accidente doméstico, una tragedia familiar, un feminicidio, un suicidio o un homicidio. Son miles de oportunidades para que una discusión no termine en muerte.

El secretario de la Defensa Nacional, general Ricardo Trevilla Trejo, destacó precisamente ese resultado: miles de armas han dejado de estar disponibles para alimentar la violencia.

Sin embargo, el Gobierno de México reconoce que retirar armas no basta.

Por ello, una parte fundamental de la estrategia nacional consiste en atender las causas que generan la violencia mediante la construcción de escuelas, espacios deportivos, actividades culturales, programas sociales y oportunidades de empleo digno. La paz no se impone; se construye creando condiciones para que las personas puedan vivir con dignidad.

En ese mismo espíritu, la secretaria de Cultura, Claudia Curiel de Icaza, recordó el proyecto “Desarmar, intervenir, reconstruir”, mediante el cual armas destruidas son transformadas por artistas mexicanos en obras de arte que serán instaladas en Morelos, Michoacán y Estado de México como símbolos permanentes de reconciliación.

Es una poderosa metáfora: aquello que alguna vez estuvo diseñado para quitar vidas ahora servirá para inspirarlas.

Por su parte, la secretaria de Gobernación, Rosa Icela Rodríguez, informó que además del armamento entregado voluntariamente, también fueron recolectados más de 700 mil cartuchos útiles, reduciendo considerablemente el riesgo de que estos instrumentos vuelvan a alimentar la violencia.

Mientras tanto, en la Ciudad de México, la jefa de Gobierno, Clara Brugada, destacó que ya fueron retiradas de circulación mil 800 armas y cientos de municiones, además de impulsar el intercambio de juguetes bélicos por juguetes educativos y libros, sembrando desde la infancia una nueva cultura de convivencia.

La presidenta Sheinbaum también reiteró un tema que continúa siendo indispensable para comprender la violencia en nuestro país: aproximadamente el 75 por ciento del armamento decomisado en México proviene de Estados Unidos, por lo que insistió en que el combate al tráfico ilegal de armas debe ser una responsabilidad compartida entre ambas naciones.

Pero más allá de las estadísticas, existe una reflexión que vale la pena hacer.

Las armas no nacen disparando. Son las personas quienes deciden utilizarlas. Y esas decisiones comienzan mucho antes de que alguien apriete un gatillo. Comienzan en la manera en que educamos, escuchamos, abrazamos y acompañamos a nuestras hijas e hijos.

Por eso Ahimsa sigue siendo vigente miles de años después.

La No Violencia no es pasividad ni resignación. Es una forma profundamente valiente de construir una sociedad donde la fuerza se mida por la capacidad de cuidar la vida y no por la capacidad de destruirla.

Cada arma entregada representa una victoria silenciosa de la paz sobre el miedo.

Porque el verdadero poder de un pueblo nunca estará en el calibre de sus armas, sino en la grandeza de su conciencia.

Y esa revolución, la más profunda de todas, comienza en casa.

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